Botsuana levanta la prohibición de cazar elefantes

Tras cinco años de prohibición, se autorizará la caza en Botsuana, que alberga a casi un tercio de los elefantes de sabana de África.

Por Rachael Bale
Publicado 23 may 2019, 14:00 CEST
Un cazador alemán mata a un elefante
Un cazador alemán mata a un elefante macho en Namibia. Siguen debatiéndose los beneficios de la caza de trofeos —si los hay— para la conservación.
Fotografía de David Chancellor, Nat Geo Image Collection

Tras una suspensión de cinco años, el gobierno de Botsuana ha decidido permitir de nuevo la caza deportiva de elefantes, según un comunicado publicado el 22 de mayo por el Ministerio del Medio Ambiente, Conservación de Recursos Naturales y Turismo.

Botsuana alberga a más de 130.000 elefantes —casi un tercio de los elefantes de sabana de África— y, en general, parecía haberse librado de la reciente crisis de caza furtiva de marfil. Las poblaciones de elefantes del continente se desplomaron un 30 por ciento entre 2007 y 2014 según el Gran Censo de Elefantes, un recuento de elefantes de 18 países llevado a cabo por Elefantes sin Fronteras que se completó en 2016 y recibió financiación de Vulcan.

Aunque ahora la caza de elefantes es legal en Botsuana, los cazadores deportivos estadounidenses no podrán acudir en bandada, ya que es poco probable que puedan traerse sus trofeos a casa. En 2017, surgió polémica cuando el Servicio de Pesca y Fauna Silvestre de Estados Unidos decidió levantar la prohibición de importar trofeos de elefantes de Zimbabue y Zambia. Cuando el presidente Donald Trump tuiteó que no estaba descontento con la decisión, el Servicio dio marcha atrás y decidió evaluar todas las solicitudes para importar trofeos de elefantes de todos los países individualmente. Desde entonces, no se ha emitido ningún permiso.

En junio de 2018, el gobierno de Botsuana reunió un comité para asesorar sobre si la prohibición de la caza de trofeos debía levantarse. El objetivo de la prohibición, instaurada en 2014 por el entonces presidente Ian Khama, era conservar mejor especies como los elefantes. «Había poca rendición de cuentas por parte de los fondos comunitarios» que entonces gestionaban la caza, declaró Mike Chase, director de Elefantes sin Fronteras, en una entrevista a National Geographic el pasado febrero, cuando se estaba debatiendo la propuesta. «Los aldeanos no se beneficiaban de la cuota de caza ni de las tasas que pagaban los cazadores».

Con todo, el comité —en el que participaron autoridades locales, ONG, investigadores y representantes de la industria, entre otros— determinó que «la suspensión de la caza impacta negativamente a los medios de subsistencia, particularmente de las organizaciones comunitarias» que antes se beneficiaban de la caza.

También determinó que el Departamento de Fauna Silvestre y Parques Nacionales estaba tardando demasiado en intervenir y controlar a los elefantes destructivos, que pueden destrozar los cultivos de toda una temporada en una sola noche.

«El consenso general de las personas consultadas era que debía levantarse la prohibición de la caza», sostiene el comunicado. «Basándose en estos problemas, el gobierno ha reflexionado y evaluado las recomendaciones, y levantado la suspensión».

«Hay que tener en cuenta el rechazo internacional»

«Podemos tener una cuota sostenible que tenga un impacto insignificante en la población», afirmó Chase. «Pero hay que sopesarlo y tener en cuenta el rechazo internacional... y cómo eso podría socavar nuestra economía, nuestros trabajos y nuestra reputación de estar en la vanguardia de la conservación».

Con todo, empatiza con las comunidades que sufren la peor parte de los destrozos provocados por los elefantes y que han defendido la reinstauración de la caza. Señala que el área de distribución de los elefantes se ha expandido drásticamente en Botsuana porque la sequía ha hecho que caminen más distancia en busca de agua, lo que significa que entran en contacto con humanos con más frecuencia.

«Compartir sus vidas con un animal de cinco toneladas que amenaza sus vidas, destruye sus cultivos, daña sus propiedades... Comparto su angustia», declaró. «Cuando has intentado todo tipo de alternativas y aún son peligrosos, el animal debe ser destruido. Al menos las comunidades deberían beneficiarse de permitir que un cazador pague por hacerlo», declaró en febrero.

Khama ha criticado la medida por ser puramente política, ya que pretendería afianzar los votos rurales antes de las elecciones de octubre.

Dan Ashe, director del Servicio de Pesca y Fauna Silvestre durante el gobierno de Obama y actual presidente y consejero delegado de la Asociación de Zoos y Acuarios, afirma que, aunque personalmente no le gusta la idea de cazar elefantes como deporte, es importante reconocer la autoridad de Botsuana para regular sus animales salvajes.

«Botsuana siempre ha tenido una buena reputación con el Servicio de Pesca y Fauna Silvestre, una reputación de gestión profesional y un gobierno relativamente poco corrupto», afirma, añadiendo que, cuando era director del servicio «teníamos confianza profesional en Botsuana».

Muchos conservacionistas se oponen a la caza de elefantes tanto por el descenso de las poblaciones de elefantes en todo el continente como por los problemas éticos que plantea: no cabe duda de que los elefantes son capaces de mostrar empatía y sentimientos.

Según el comunicado del gobierno, la caza se reinstaurará «de forma ordenada y ética» y se aportarán más detalles en el futuro.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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