Esta rana crea mapas mentales de su entorno

La diminuta Dendrobates auratus, una rana venenosa, posee capacidades cognitivas avanzadas que nunca se habían observado en anfibios.

Por Geetha Iyer
Publicado 26 jul 2019, 12:43 CEST
Dendrobates auratus
La Dendrobates auratus, fotografiada en el Sunset Zoo de Kansas, es el primer anfibio que crea y revisa mapas mentales de su entorno.
Fotografía de Joël Sartore, Nat Geo Image Collection

Una rana venenosa del tamaño y el color de un bombón de chocolate y menta ha puesto patas arriba lo que sabemos sobre cómo piensan las ranas. La especie terrestre Dendrobates auratus, autóctona de las selvas tropicales de Sudamérica y Centroamérica, evita ríos y lagos y pone sus huevos en el suelo del bosque. Cuando los huevos eclosionan, la rana sube a los árboles con sus renacuajos a la espalda y los coloca en el agua acumulada en los agujeros de los árboles y las bromeliáceas.

Encontrar, recordar y desplazarse entre nidos de huevos y criaderos de renacuajos en un paisaje tan complejo y cambiante exige un cerebro que pueda elaborar y revisar un mapa mental de su entorno. Muchos mamíferos y aves forman dichos mapas. Ahora, una nueva investigación publicada en el Journal of Experimental Biology aporta las primeras pruebas de la existencia de esta misma habilidad en anfibios.

«Tenemos la hipótesis de que, por su historia natural, las ranas venenosas han desarrollado una capacidad cognitiva más avanzada para emplear las señales ambientales para encontrar lugares», afirma Sabrina Burmeister, profesora adjunta de la Universidad de Carolina del Norte y autora principal del estudio, publicado a principios de año. «Es improbable detectar estas capacidades en todas las especies de ranas».

Aún no comprendemos del todo los cerebros de las ranas. Durante años, los científicos han preferido estudiar los cerebros de animales más complejos, como los primates o los córvidos. Además, cuesta modificar las pruebas de laboratorio empleadas habitualmente en ratas o palomas mensajeras —criadas con la capacidad de encontrar el camino de vuelta a casa a lo largo de kilómetros— para que encajen en las inclinaciones naturales de las ranas.

Una prueba de desplazamiento clásica en los laboratorios consiste en colocar al sujeto en una piscina circular, denominada laberinto acuático de Morris, que contiene una plataforma de salida oculta a la que se puede trepar y puntos de referencia distantes en los puntos cardinales. Cuanto mejor se le da al animal la asimilación y la memoria visual, más fácil le resulta hallar la plataforma en las pruebas subsiguientes.

Pero según Yuxiang Liu, investigador posdoctoral del Centro Médico del Sudoeste de la Universidad de Texas que llevó a cabo este trabajo como parte de su doctorado, la D. auratus, o rana dardo verdinegra, se asusta en dicho laberinto e intenta aferrarse a los bordes en busca de un lugar seguro en vez de explorar y absorber su entorno.

Convirtió el laberinto acuático de Morris en un estanque con un foso profundo para alejar a las ranas del borde. La nueva disposición instó a los animales a explorar las aguas poco profundas y, finalmente, a encontrar la plataforma de salida. Una vez las ranas supieron qué hacer, los científicos cambiaron las señales visuales y retiraron la plataforma. Pudieron demostrar que, de hecho, las ranas buscaban la salida de una forma que concordaba con el uso de un mapa mental de su entorno.

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    Al biólogo de campo Andrius Pašukonis, que investiga el comportamiento de búsqueda de las ranas venenosas salvajes y que no participó en este estudio, le emocionan los resultados y espera que se investiguen más estas y otras especies. Pašukonis, investigador posdoctoral de la Universidad de Stanford, indica que aún queda mucho por aprender. «Por ahora, no tenemos ni idea de qué aspecto podrían tener los posibles “mapas de ranas”», afirma.

    Mientras sus colegas y él siguen ranas venenosas por la selva empleando cordeles y registradores de datos o radiotransmisores, el laboratorio de Burmeister está llevando a cabo investigaciones comparativas entre la D. auratus y otra especie de rana, la túngara, que al parecer no posee la misma flexibilidad de desplazamiento y aprendizaje en las pruebas llevadas a cabo hasta la fecha.

    Por su parte, las ranas están haciendo lo que pueden para sobrevivir. Han desarrollado estilos parentales, preferencias de hábitat y capacidades cognitivas diversas e ingeniosas. Las fuerzas humanas como la pérdida de hábitat, la propagación de enfermedades, el tráfico de fauna silvestre y el cambio climático las están poniendo a prueba. Comprender la mente de las ranas no será suficiente para averiguar cómo ayudarlas a salir de ese laberinto.

    Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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