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Este albatros de patas negras cena restos de plástico en las islas de Sotavento de Hawái

Este albatros de patas negras cena restos de plástico en las islas de Sotavento de Hawái

10 de noviembre de 2016

A la vez que los océanos se llenan de desechos de plástico, cientos de especies marinas se comen cantidades sorprendentes de este material. Hasta el momento no se había realizado una investigación en profundidad sobre el porqué de que tantas especies, desde los zooplánctones más pequeños hasta las ballenas, confunden este material con comida. Sin embargo, un estudio reciente tiene la respuesta: huele a comida.

El krill, un pequeño crustáceo que es la principal fuente de alimento para muchas aves, se alimenta de algas. Cuando las algas se descomponen de forma natural en el océano, emiten un hedor apestoso a sulfuro conocido como sulfóxido de dimetilo (DMS). Las aves marinas han aprendido al buscar krill, que el olor a sulfuro les llevará a zonas donde poder alimentarse.

Resulta que los restos plásticos flotantes son el medio perfecto para que las algas crezcan. Según un nuevo estudio publicado el 9 de noviembre en Science Advances, cuando las algas se descomponen, desprendiendo olor a DMS, las aves, siguiendo su olfato en busca de krill, acaban en una “trampa olfativa”. En vez de alimentarse de krill, se comen el plástico.


Video: Cómo mantener los océanos limpios de plástico


El DMS como precursor

“El DMS es el reclamo para ir a comer”, cuenta Matthew Savoca, un estudiante de doctorado de la Universidad de California y principal autor del estudio. “Es como cuando los humanos escuchamos la campana de la cocina, sabemos que en breve comeremos. Para las aves es igual, cuando su olfato les dice que allí debería haber krill, comienzan la búsqueda y su umbral del hambre baja aceptando lo que encuentren para comer”.

Los desechos de plástico se han ido acumulando a gran velocidad, doblándose cada década. En 2014, un estudio mundial cifró en 250 millones de toneladas métricas la cantidad de plástico en los océanos, en su gran mayoría reducido a partículas del tamaño de un grano de arroz. Se han documentado más de 200 especies animales que consumen plástico, incluyendo tortugas, ballenas, focas, aves y peces. Las aves marinas son especialmente vulnerables: un estudio publicado el año pasado por científicos australianos concluyó que prácticamente todas han consumido plástico.

Hace ya tiempo que los científicos saben que los animales se comen el plástico de los océanos. Es el caso de las tortugas marinas que muchas veces confunden las bolsas de plástico fino y transparente con las medusas. Otros animales marinos, incluidos los peces, engullen micropedazos de plástico rotos por la acción del sol o de las olas porque se parecen a las partículas que ellos suelen comer.


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Sin embargo, este es el primer estudio que analiza los olores como posible causa del consumo de plástico por parte de los animales marinos. Sovaca ha colaborado con un investigador especializado en el estudio de cómo los olores afectan a la toma de decisiones y con un químico experto en comida y vino para así determinar que olor podría ser el culpable de este consumo de plástico.

“Esto no quita que el plástico pueda parecerles apetecible”, afirma Matthew Sovoca. “Muchas veces es el olor lo que hace que los animales se acerquen y empiecen a buscar comida. Es otro factor que se añade. Es mucho más probable que un ave marina coma si el olor es a comida”.

Chelsea Rochman, un biólogo de la Universidad de Toronto que estudia los efectos tóxicos del plástico que consumen los peces, ha asegurado que este estudio es un gran paso para entender porqué las especies marinas comen este material en grandes cantidades.


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Como comenta Rochman, “en todo lo escrito sobre la ingesta de restos plásticos, encontramos investigadores que afirman que los animales comen estos desechos sin ninguna explicación que apoye su argumento; este es el primer grupo que realmente ha ahondado en los motivos”.

El equipo de Sovoca decidió concentrarse en las aves más afectadas por el consumo de plástico: los albatros, los petreles y la pardela balear. Empezaron el estudio colocando balizas con micro-plásticos en bolsas en la bahía de Monterrey y en la bahía de Bodega, en la costa de California. Después de tres semanas retiraron las balizas y las examinaron en el laboratorio en busca de olores.

“Apestaban a sulfuro”, afirmaba Sovoca.


Vídeo: De los forros polares a tu comida: el alarmante viaje de los micro-plásticos


No tardaron mucho en identificar el DMS como un precursor de la ingesta de plástico y la “clave de información química” que llevaba a los animales marinos a comerse el plástico como si fuera krill. Las pruebas de extracción de olor confirmaron que de todas las variedades de plático, tres absorbían en menos de un mes la “marca de DMS”. El equipo también descubrió, como era de esperar, que las aves más atraídas por el olor del DMS eran las mismas que están afectadas por el consumo de plásticos, es decir, los albatros, los petreles y la pardela balear.

Las crías y aves jóvenes de estas especies pasan más meses en el suelo debido a que sus nidos están construidos como madrigueras. A raíz de esto, las aves de madriguera confían mucho más en su sentido del olfato.

Como dice Savoca, “deberíamos prestarle más atención a esas especies”.


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