Aunque se recomienda lavarse las manos contra la COVID-19, el agua es un recurso escaso en la India

Solo una quinta parte de los hogares de este país de 1300 millones de habitantes tiene agua corriente. Esto convierte el lavado de manos en un reto.

Por Nilanjana Bhowmick
Publicado 8 abr 2020, 13:31 CEST

Una mujer se baña cerca de Bhubaneshwar, una ciudad en el estado oriental de Odisha. Incluso en las ciudades indias, la mayoría de los hogares carecen de agua corriente; en el campo, falta en un 82 por ciento.

Fotografía de Andrea Bruce, Nat Geo Image Collection

En la aldea de Kaithi, en la región de Bundelkhand del centro y el norte de la India, hay un grifo compartido por cada cinco hogares. Bundelkhand ha sufrido 13 sequías en las dos últimas décadas. Allí, la escasez de agua es una forma de vida. Con la rápida propagación de la COVID-19, los habitantes de Kaithi y de otras aldeas se enfrentan a una decisión preocupante. Pueden lavarse las manos o pueden mantener el distanciamiento social, pero practicar ambos métodos para prevenir enfermedades al mismo tiempo no es tarea fácil.

«No permitimos que se acumule mucha gente en torno a los grifos y tratamos de lavarnos las manos en la medida de lo posible», afirma Mangal Singh, residente de Kaithi. Singh dejó su trabajo de conductor en Delhi hace dos semanas para volver a su aldea natal, justo antes de que el primer ministro Narendra Modi ordenara a los 1300 millones de habitantes de la India que se quedaran en casa durante al menos tres semanas.

El 31 de marzo, el Ministerio del Agua de la India instó a los gobiernos estatales a diseminar un segundo mensaje, acordado por expertos de todo el mundo: lavarse las manos con agua y jabón durante 20 segundos varias veces al día es fundamental. Con todo, en la India y en muchos países en vías de desarrollo el mensaje ignora una cuestión importante: ¿qué pasa si no tienes suficiente agua potable?

Si se suman todas las situaciones en las que organizaciones internacionales como Unicef recomiendan lavarse las manos durante esta pandemia (tras visitar un espacio público o tocar una superficie fuera de casa, tras toser, estornudar, sonarse la nariz y, por supuesto, tras ir al baño o sacar la basura y antes y después de comer) equivale a al menos 10 veces al día.

Para este país en particular, son muchas veces. En un solo lavado de 20 segundos más humedecer y enjuagar las manos se consumen al menos dos litros de agua. Para una familia de cuatro personas, 10 veces al día por persona equivale a 80 litros solo para lavarse las manos, un lujo inimaginable en gran parte de la India rural. (En España, el consumo medio de agua es de 130 litros por habitante al día, según la Encuesta sobre el Suministro y Saneamiento de Agua de 2016.)

El año pasado, Chennai, la sexta ciudad más grande de la India se quedó sin agua durante una sequía prolongada. El NITI Aayog, un grupo de expertos en políticas del gobierno indio, publicó un informe sobre la crisis hídrica actual del país que determinó que el 82 por ciento de los hogares rurales (un total de 146 millones de hogares) carece de agua corriente. Casi un 60 por ciento de los hogares urbanos tampoco la tienen.

El problema de la India no es solo la falta de infraestructura. Según un informe del Banco Mundial, más de la mitad de los distritos indios corren el riesgo de la desecación y la contaminación de sus aguas subterráneas. Este año, incluso antes del verano, casi el 33 por ciento de la India ya sufría sequías o condiciones similares a las sequías. Las zonas afectadas, la mayoría en la India rural, dependen de los camiones cisterna con agua que envía el gobierno para entregar un máximo de 20 a 25 litros de agua por persona al día, suficientes para lavarse las manos, pero solo si los aldeanos usan el agua exclusivamente para eso.

Con el bloqueo de la India la semana pasada, se cerraron fronteras, se detuvo todo el transporte entre estados y yo me confiné en mi casa de Delhi y llamé a la gente de otras partes de la India que había conocido durante mis viajes. Uno era Mangal Singh; otro, Amar Habib, que dirige un movimiento de agricultores locales en el estado occidental de Maharastra, uno de los primeros que se vieron afectados por la pandemia.

Miles de pueblos de Marathwada, la parte del estado donde vive y trabaja Habib, también se han visto afectados por la sequía. Habib me contó que, a menudo, los camiones cisterna del gobierno ni siquiera aparecen en las aldeas. La idea de que los habitantes de estas zonas se laven las manos 10 veces al día durante 20 segundos le pareció absurda.

«La India rural no tiene agua suficiente para lavarse las manos varias veces al día», me contó Habib.

Aldeas secas

En cambio, la aldea de Parwana, en el estado oriental de Bihar, es afortunada: hace un mes construyeron infraestructura de agua corriente. Sin embargo, el agua solo está disponible tres veces al día durante una o dos horas. Cada familia acaba con entre 40 y 120 litros de agua al día.

«Depende de cuánta agua puedas almacenar», explicó Neeraj Singh, un residente de la aldea. Su familia de cuatro miembros (más pequeña y en mejores circunstancias que sus vecinos) cuenta con dos cubos de 20 litros de agua que usan para almacenar 40 litros de agua. Las familias más grandes con menor capacidad de almacenamiento «recogen toda la que pueden en utensilios domésticos, a veces hasta en vasos y cuencos», contó.

En Bundelkhand, Mangal Singh volvió a Kaithi y descubrió que su padre, un agricultor local, no había cambiado mucho de hábitos y que no se lavaba las manos varias veces al día.

«Me lavo a fondo una vez, de los pies a la cabeza, cuando vuelvo de los campos», me contó el anciano.

Kesar Singh, coordinador de Bundelkhand Water Forum, una ONG local, me contó que mucha gente de la región ni siquiera tiene grifos compartidos. En esas aldeas, muchas mujeres se ven obligadas a viajar más de kilómetro y medio y hacer una larga cola para traer agua. Se ven obligadas a dar prioridad a cocinar, beber y abrevar al ganado antes de lavarse las manos.

La política de castas, que es particularmente estricta en Bundelkhand, agrava el problema: las personas de castas superiores controlan la mayor parte del agua, según explicó Kesar Singh. Cada pueblo alberga una pequeña colonia en un extremo para los dalit de casta inferior y esas colonias prácticamente carecen de instalaciones de saneamiento. En la colonia de Kaithi hay un grifo para 400 personas.

«Esperar que los habitantes de esta región pobre y con escasez hídrica prioricen lavarse las manos a la vida cotidiana es una broma cruel. Si la única forma de protegernos del virus es el agua, entonces la dura verdad es que Bundelkhand no la tiene», dijo Kesar Singh.

Cuestiones culturales

Los habitantes rurales de la India tienen una actitud despreocupada respecto al lavado de manos, en parte debido a la escasez de agua, sin duda. Según encuestas del gobierno, en torno a un 70 por ciento se lava las manos sin jabón antes de comer y más del 30 por ciento lo hace tras defecar, algo que suele hacerse al aire libre. A veces sustituyen el jabón por arena, ceniza o barro.

Esta falta de higiene hace que las comunidades rurales sean vulnerables a varias enfermedades transmisibles. En la India, casi un 21 por ciento de las enfermedades transmisibles (como el cólera, la disentería, la hepatitis A y la fiebre tifoidea) son de transmisión hídrica y en parte podrían evitarse lavándose mejor las manos, al igual que enfermedades respiratorias como la fiebre y la COVID-19.

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    Una profesora enseña técnicas adecuadas para lavarse las manos a los niños de la escuela local del pueblo de Gori Kothapally.

    Fotografía de Sanjit Das, Panos Pictures, Redux

    En todo el mundo, se estima que mueren 297 000 niños de menos de cinco años cada año por diarrea vinculada a las carencias de las instalaciones de agua potable, saneamiento e higiene. En la India, es la causa principal de mortalidad infantil. Algunos estudios han demostrado que lavarse las manos puede reducir el riesgo de diarrea en un 43 por ciento.

    Un estudio publicado el 24 de marzo por investigadores de la Universidad de Birmingham en el Reino Unido ha documentado una correlación entre la magnitud del brote de COVID-19 de un país y la debilidad de su cultura de lavarse las manos, que se mide con el porcentaje de la población que ha dicho a los encuestadores que no se lava las manos automáticamente después de ir al baño. Con un 40 por ciento, India era la décima cultura más débil de los 63 países encuestados. China, donde comenzó la pandemia, presenta el peor resultado: un 77 por ciento. España ocupa el duodécimo puesto, con un 39 por ciento.

    Con todo, según Ganna Pogrebna, de la Universidad de Birmingham, la correlación entre lavarse las manos y la propagación de la enfermedad es sólida. Resulta preocupante tanto para la India como para otros lugares donde la pandemia se encuentra en sus primeras etapas, como el África subsahariana.

    «El hecho de que la cultura del lavado de manos sea más débil en algunos de los países en vías de desarrollo supone una gran preocupación. El problema principal es que no solo se debe a la psicología humana y a los hábitos, sino también a factores objetivos como la escasez de agua», explicó Pogrebna.

    La infraestructura también importa

    Un informe publicado el año pasado por la OMS y Unicef determinó que en 2017, 3000 millones de personas en todo el mundo (o un 40 por ciento de la población humana) carecían de instalaciones para lavarse las manos con agua y jabón en sus casas. Más de 670 millones de personas todavía defecaban al aire libre y otros 700 millones usaban instalaciones antihigiénicas y sin mejoras.

    Yusuf Kabir, especialista en agua, saneamiento e higiene de Unicef en Maharashtra, explicó que el pánico por la COVID-19 presenta «una oportunidad única» para convencer a las comunidades rurales de que mejoren su higiene, sobre todo en la India.

    «Es posible mantener una buena rutina de lavado de manos con agua limitada», explicó Kabir. Unicef está colaborando con el gobierno indio para instalar puntos de lavado de manos en mercados, escuelas y centros sanitarios.

    El gran miedo entre los expertos del país es que cuando llegue el verano, la India sufra de nuevo las sequías graves y la escasez de agua que afectaron a gran parte del país el año pasado, pero esta vez mientras combate una pandemia. Para responder a la crisis de 2019, el primer ministro Modi prometió proporcionar agua corriente a cada hogar rural a razón de 55 litros de agua por persona al día para 2024.

    La gran esperanza (si puede decirse que la emergencia de la COVID-19 ofrece alguna esperanza) es que esto estimulará al gobierno indio a cumplir dicha promesa y a los propios indios a cambiar su comportamiento en la medida de lo posible, de forma que traerá beneficios duraderos cuando pase la pandemia.

    «Es probablemente el único aspecto positivo de la enfermedad», afirmó V.K. Madhavan, consejero delegado de WaterAid, India. «Es posible que así la higiene de manos pase a formar parte del comportamiento personal. El cambio y la concienciación sobre esto respecto a hace unas semanas es extraordinario».

    Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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