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Einstein y Lina

Einstein y Lina

13 de febrero de 2017

Algún día desarrollará la teoría de la relatividad y la ecuación más famosa que se haya conocido, E=mc2. Ayudará a sentar las bases de la teoría cuántica moderna, ganará un Premio Nobel y se convertirá en sinónimo de la palabra “genio”.

Sin embargo, Elsa Einstein le confesó una vez a un visitante que ella se enamoró de su primo por un motivo totalmente diferente: “porque interpretaba maravillosamente a Mozart en el violín”.


O puede que no fuera una razón tan distinta. La música era mucho más que una actividad secundaria para el trabajo de Einstein. Era esencial en todo lo que pensaba y hacía. 

“La música le ayudaba a pensar cuando estaba elaborando sus teorías”, explicaba Elsa, que se convirtió en 1919 en su segunda mujer. “Solía irse a su estudio, volvía, tocaba un par de acordes en el piano, anotaba algo y volvía a su estudio”.
 
Una vez el gran físico declaró que si no hubiera sido científico, hubiese sido músico

“Para mi es inimaginable una vida sin música”, declaró. “Vivo mis ilusiones a través de la música. Veo mi vida a través de ella...la mayor parte de mi felicidad me la da la música”.


Primeros pasos en la música

Sin embargo, fue un romance que tardó un tiempo en despertar. Einstein tenía seis años cuando su madre Pauline, gran pianista, dispuso que él tomase unas lecciones del violín. Sin embargo, el instrumento fue una tarea obligatoria hasta que a los 13 años descubrió las sonatas para violín de Mozart. A partir de ese momento, la música se convirtió en una pasión.

Mozart continuó siendo su compositor favorito, junto con Bach, durante el resto de su vida. Esto no era una coincidencia: como muchos de los biógrafos de Einstein han señalado, la música de Bach y Mozart tiene la misma claridad, simplicidad y perfección arquitectónica que Einstein siempre buscó en sus propias teorías.

Eso también puede explicar su aversión por la música menos organizada y más emotiva de los autores de finales del siglo XIX como Wagner.


En la era pre-iTunes, Einstein se esforzó por llevar su música con él de forma física. Rara vez iba a ninguna parte sin su maltratada caja de violín. No siempre llevaba el mismo dentro-Einstein tuvo varios a lo largo de su vida-, pero según se dice, les puso a todos el mismo apodo cariñoso: "Lina", abreviatura de violín. En sus viajes, con frecuencia se llevaba a Lina para tocar por la noche música de cámara en la casa de sus anfitriones, y tenía muchas amistades musicales.

En la década de 1930, en vez de mudarse a su casa a la Alemania nazi, Elsa y él se establecieron en Princeton, Nueva Jersey, y organizaron sesiones de música de cámara en su propia casa todos los miércoles por la noche. Esas sesiones eran sagradas: Einstein estaba siempre reorganizando su agenda para asegurarse de poder asistir.

En las noches de Halloween, era conocido por salir y sorprender a los niños con serenatas improvisadas de violín. Y en Navidad, salía a tocar con grupos de villancicos


Fuera de compás

Debido a que no hay grabaciones de Einstein tocando, sigue habiendo un debate abierto sobre lo bueno que realmente era. Hay una fotografía suya en la que sale con mostrando lo peor de su postura, con el violín cayendo hacia abajo, el arco cruzado por las cuerdas en lugar de estar perpendicular - todas los fallos que hacen que los profesores de violín se avergüencen.

Einstein también era conocido por no estar en sincronía. La leyenda dice que una vez se perdió en una entrada tocando en un cuarteto con Fritz Kreisler, y el gran virtuoso del violín se volvió hacia él y preguntó: "¿Qué pasa, profesor? ¿No sabe contar?


Sin embargo, la evidencia sugiere que Elsa no estaba exagerando sobre la calidad de su interpretación. A los 16 años, su primo hizo un examen de música en su escuela, y el examinador escribió que "un estudiante llamado Einstein destacó en una interpretación profundamente sentida de un adagio de una de las sonatas de Beethoven".

Mucho más tarde, un amigo escribió que "hay muchos músicos con mejor técnica, pero ninguno, creo, que jamás haya tocado con más sinceridad o sentimiento".

Einstein continuó tocando casi hasta el final. Hasta que su envejecida mano izquierda ya no pudo moverse con la misma rapidez no dejó de tocar a Lina. Pero nunca perdió la pasión por la música.

Para seguir aprendiendo: ¿Es posible viajar en el tiempo?

En un artículo publicado unos meses después de la muerte de Einstein en abril de 1955, el escritor Jerome Weidman recordaba una opulenta cena donde estaba atrapado escuchando música de cámara. Durante una pausa, le confesó al hombre sentado junto a él que estaba prácticamente sordo.

-Vendrás conmigo -declaró Einstein, que inmediatamente arrastró despreocupado a Wetiman del concierto y le condujo a un estudio que contenía una extensa colección de discos de vinilo.

Allí, Einstein tocó fragmentos de Bing Crosby, Enrico Caruso, y más - los éxitos del pop de 1950 equivalentes a Bruno Mars y Lady Gaga. Insistió en que, al terminar, Weidman le cantase cada fragmento para entrenar su oído.

Una vez que Einstein quedó satisfecho, regresaron a la planta baja, donde, para asombro de Weidman, pudo apreciar el aria de Bach "Las ovejas pueden pastar con seguridad" por primera vez. 

Después, la dueña de casa les preguntó dónde habían estado.

Habían estado ocupados “en la mayor actividad de la que el hombre es capaz”, respondió Einstein, “abriendo otro fragmento de la frontera de la belleza”.

No te pierdas la nueva serie y superproducción de National Geographic "Genius", que se estrenará en abril.

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