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Dos personas intercambian tarjetas de presentación con texturas distintas (foto de archivo).

Dos personas intercambian tarjetas de presentación con texturas distintas (foto de archivo).

Move Art Management y Corbis Images

John Roach para National Geographic News/ Publicado el 24 de junio de 2010

Las personas intercambian tarjetas de presentación con texturas distintas (foto de archivo).
Fotografía de Move Art Management y Corbis Images

John Roach para National Geographic News/ Publicado el 24 de junio de 2010
Desempleados en busca de trabajo, tomad nota: los currículos impresos en papel de alto gramaje y mayor grosor se tienen más en cuenta que los impresos en hojas delgadas y ligeras.
Este es el resultado de un reciente estudio que desvela la influencia de nuestro sentido del tacto, de forma inconsciente, en nuestros pensamientos y estados de humor.
«Cuando la gente experimenta el peso, es decir cuando sienten cosas pesadas, tienden a ver el mundo de una forma más seria y adusta» comenta el líder del estudio Joshua Ackerman.
Ackerman y sus colegas crearon seis experimentos en los que proporcionaron a distintos sujetos varios objetos de característica similares con texturas y pesos diferentes, como portapapeles pesados y ligeros o piezas de puzzle lisas y rugosas. La manipulación de los citados objetos afectó las impresiones y decisiones de los sujetos participantes en el estudio.
Por ejemplo, al estar sentados en sillas de madera en lugar de sillones acolchados, las personas fueron más rígidas en sus negociaciones sobre el precio de un vehículo nuevo.
«Resulta que si te sientas en una silla dura, estarás menos dispuesto a negociar», comenta Ackerman, profesor auxiliar de MIT.


En general, la manipulación de objetos rugosos hizo que los sujetos consideraran las interacciones sociales más complicadas, indicó el estudio.

La frase «Tuve un día muy duro» no es tan sólo un refrán
Los científicos consideran que la relación entre el tacto y la mente probablemente comienza al nacer.
«Nuestras primeras experiencias son físicas», comenta Ackerman. A medida que crecemos e interactuamos con el mundo de forma más abstracta, seguimos dependiendo de las experiencias físicas para comunicarnos.
De allí que surjan las frases «días duros», «argumentos de peso» o «sopesar las decisiones».
«Por ello, muchas de las experiencias físicas que tenemos se vinculan o asocian naturalmente, por decirlo de una manera, con nuestra comprensión mental del mundo» añade.


Y cuando eso sucede, dichos vínculos y asociaciones no desaparecen. Por consiguiente, se pueden desencadenar cambios en la percepción del mundo haciendo pasar a las personas por distintas experiencias físicas.
(Relacionado: «Estudio descubre que las decisiones de los votantes se ven afectadas por el lugar de votación»)
«Estos nuevos resultados», añade Ackerman, pueden ser utilizados por profesionales de márketing, diseñadores y encuestadores «para modelar la forma en que las personas interpretan las situaciones en las que se encuentran».

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