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Se han encontrado nuevas formas de vida

Se han encontrado nuevas formas de vida

Fotografía cortesía de Tamara Thomsen

Científicos descubren vida microbiana en las profundidades de los agujeros azules de Bahamas.


Muchos de los microbios de estos agujeros azules no son conocidos para la ciencia. Sin embargo, las colonias que el equipo ha identificado parecen alimentarse de compuestos de azufre, como el sulfuro de hidrógeno, que son tóxicos para otras formas de vida.


Este nuevo hallazgo sorprende no sólo a los científicos que buscan vida en lugares recónditos de nuestro planeta, sino también a aquéllos que buscan fuera de este mundo.


«Esto significa que podrían darse similares condiciones en océanos a millones de kilómetros de distancia, quizá bajo la helada corteza de Europa, satélite de Júpiter, o en Encélado, satélite de Saturno», afirma Kevin Hand, astrobiólogo subdirector de la NASA para la exploración del Sistema Solar.


«Siempre estoy atento a los descubrimientos sobre ecosistemas y microbios en ambientes extremos que se basan en compuestos de azufre», comenta Hand, que no participó en el estudio y que forma parte del programa de exploradores emergentes de la National Geographic Society (propietaria de National Geographic News).


«A través de la vida extrema que descubramos en la Tierra podremos comprender mejor la vida fuera de nuestro planeta», añade.


Vida en cuerpos solitarios


Los agujeros azules son cuevas que se crearon en rocas calizas a causa de la lluvia en las pasadas eras de hielo, cuando el nivel del mar era alrededor de 122 metros más bajo que en la actualidad. Cuando la Tierra empezó a calentarse y subió de nuevo el nivel del mar, las cuevas se fueron sumergieron en el océano. El agujero azul más profundo conocido es el de Dean, en las Bahamas, de 202 metros de profundidad, mientras que la mayoría suelen alcanzar aproximadamente la mitad.


En estos puntos el oxígeno es escaso y la luz del sol solamente alcanza la superficie.

El agua dulce, menos densa, a menudo cubre el agua salada de los agujeros, y ambas apenas se mezclan.


De este modo, estas cuevas suelen estar lejos de la vida y los alimentos existentes en otras zonas de los océanos.


Sin embargo, ricos ecosistemas prosperan a veces en estas profundidades inhóspitas, como calamares, ácaros acuáticos, copépodos y otros crustáceos.


Tom Iliffe, biólogo marino que se ha sumergido en cientos de cuevas submarinas durante los últimos 30 años, ha centrado sus estudios en estas criaturas de las profundidades.


«La pregunta es ¿qué comen? Estas especies suelen permanecer cerca de su alimento, pero ahí abajo no hay plantas», dice Iliffe, que ha liderado la reciente expedición a las Bahamas.


«La respuesta está en la nutrición microbiana. Hay bacterias y otras minúsculas formas de vida de las que se alimentan estas especies».


Agujeros azules cubiertos de microbios
Durante la pasada década, Iliffe y otros expertos encontraron colonias de bacterias en Bahamas, pero no tomaron muestras, por lo que la nueva expedición comenzó su búsqueda en la isla.


Iliffe y Brett González se sumergieron en tres agujeros azules de Bahamas (Sawmill Sink, Cherokee Road Extension y el agujero azul Sanctuary). Registraron la temperatura, la salinidad y la acidez, así como los niveles de oxígeno y sulfuro de hidrógeno.


Igualmente, tomaron muestras de las colonias de microbios para estudiarlas en la superficie. «Uno de los agujeros tiene las paredes completamente cubiertas de microbios», comentó Iliffe.


«Las capas eran de unos tres centímetros de espesor y pudimos despegarlas de la pared y guardarlas como muestras».


¿A por los océanos de Europa?


Muchas de las bacterias que Iliffe y González rescataron de las profundidades eran desconocidas para la ciencia.


Sin embargo, los análisis genéticos llevados a cabo por Jenn Macalady en la Universidad Estatal de Pensilvania revelaron la presencia de especies bacterianas capaces de sobrevivir en condiciones de escasa luz y especies que se alimentan exclusivamente de sulfuro de hidrógeno.


Además, la mayoría de estas bacterias fueron encontradas cerca de la haloclina, una capa relativamente delgada donde se mezcla agua salada y agua dulce.


Según Hand, éstas son precisamente las condiciones que podrían darse bajo Europa (satélite de Júpiter) cuya superficie es pulverizada por las erupciones volcánicas ricas en azufre de su satélite vecino Io.


Investigadores de la NASA han diseñado varias misiones a Europa, incluyendo una sonda espacial, un orbitador y un módulo de aterrizaje robótico, aunque es pronto para saber si la agencia pondrá en marcha alguna de ellas.


«Esperamos que alguna comience a operar de aquí a 2020», comenta Hand, lo que nos proporcionaría importantes datos para comprender las posibilidades de vida en el satélite.


Por su parte, el director del estudio Iliffe va a recoger muestras microbianas en una docena de agujeros azules, con el fin de compararlas y estudiar cómo se diferencian sus estrategias para sobrevivir en condiciones tan extremas.


El estudio de la vida microbiana en agujeros azules fue publicado online en noviembre de 2011 en la revista Hydrobiologia.

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