Los puentes de raíces vivas de la India se mantienen firmes durante siglos

Las raíces entretejidas de los árboles de caucho indios forman puentes que, a diferencia de las estructuras de acero, son más resistentes con el paso del tiempo.

Por Paul Salopek
Publicado 13 nov 2019, 14:15 CET
Puente de Riwai
Este puente cerca de la aldea de Riwai, en el estado indio de Meghalaya, se formó colocando las raíces de los árboles de forma que se entretejieran.
Fotografía de Aliaksandr Mazurkevich, Alamy
Out of Eden Walk, de Paul Salopek, escritor y National Geographic Fellow, es una odisea narrativa que sigue las huellas de nuestros antepasados humanos por todo el mundo. Este es su último artículo desde la India.

Recorrer las colinas verdes del estado de Meghalaya —un rincón alto, húmedo, arrugado y atravesado por arroyos en el remoto y hermoso nordeste de la India— puede ser un martirio.

La maleza de la selva obstaculiza las laderas onduladas, envueltas en niebla y engrasadas por el lodo. Durante el monzón, los senderos entre las aldeas quedan sumergidos en gargantas llenas de cataratas y ríos feroces e infranqueables. Salvar estos obstáculos naturales —en un clima donde cada año caen 12 metros de lluvia— exige un paso ingenioso, pulmones de acero y el poder de la observación prolongada. Exige miles de años de atención. Vidas enteras de experimentación. Generaciones de resolución de problemas.

El resultado, por cortesía del ingenio de los pueblos khasi y jaintia que recorren estos senderos desde que dieron sus primeros pasos, son los puentes de raíces vivas de la región de Cherrapunji.

El abundante árbol del caucho indio, Ficus elastica, produce raíces aéreas fuertes y parecidas a cuerdas que, cuando se atan a un andamiaje de troncos huecos de palmeras Areca catechu o a tallos de bambú, pueden prepararse durante décadas para que crezca en horizontal sobre barrancos y riberas empinadas. Finalmente, con lentitud pero de forma constante e incesante, las raíces son persuadidas para entrelazarse y forman los puntales y soportes de unos puentes que aguantan hasta 50 personas a la vez.

Los puentes modernos de madera o acero enseguida se deterioran o se pudren en las colinas exuberantes de Meghalaya, un punto caliente global de diversidad botánica (con más de 3000 especies de angiospermas) y un punto de intersección de culturas humanas (tres grandes grupos étnicos y decenas de clanes). En cambio, los puentes de raíces resisten 500 o 600 años y se fortalecen con el paso del tiempo.

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    La topografía de la memoria: el ingenio humano aprovecha la naturaleza para salvar ríos y cañones en Meghalaya, que significa «la morada de las nubes» en sánscrito.
    Fotografía de Paul Salopek

    Caminar sobre estas estructuras orgánicas —una colaboración armoniosa y poco común entre la imaginación humana y el músculo creciente de la naturaleza— es una experiencia conmovedora, literalmente.

    Los puentes de raíces de Cherrapunji ofrecen una pisada suave, casi imperceptible. Soportan el peso del cuerpo de una forma flexible que jamás sería posible en el hormigón y el metal inertes. Pese a que las barandillas están hechas de tejido vivo, bajo las manos se siente el inmenso poder de los árboles unidos. Retrocedes atrás en el tiempo.

    Algunos de los puentes vivos de Cherrapunji crecieron cuando el reino feudal de Ahom, invasores de la actual Birmania, gobernaba las colinas de Meghalaya.

    Los caminantes los pisaron cuando, según el «Informe de las colinas de los khasi y los jaintia - 1853» de A.J.M. Mills (con la introducción del Dr. J.B. Battacharjee), el corrupto mercader colonial británico Harry Inglis aterrorizó a los pueblos de la región fronteriza con torturas y asesinatos en las décadas de 1830 y 1840. «Tras su muerte, su viuda Sophie colocó el cadáver de su marido en un ataúd de cristal en la terraza, advirtiendo a los khasi que “resucitaría de entre los muertos y se vengaría de cualquier persona que la agraviara”», escribió un historiador sobre el distrito de East Khasi Hills. «La lógica de Sophie se aprovechó del miedo que seguían sintiendo los khasi ante el poder de Harry, incluso muerto».

    Y nos transportaron a mi compañera de caminata, Priyanka Borpujari, y a mí hacia el futuro por los senderos del nordeste de la India.

    Durante unos pocos pasos de nuestro largo viaje, nos desviamos al este, hacia Birmania, sobre puentes que respiraban. En arquitectura construida de memoria. De lluvia y de luz solar.

    Este artículo se publicó en inglés en la página web del proyecto Out of Eden Walk de la National Geographic Society y se ha traducido al español. Explora la página aquí

    Paul Salopek ha ganado dos premios Pulitzer por su labor periodística cuando era corresponsal del Chicago Tribune. Síguelo en Twitter @paulsalopek.

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