El calentamiento de los polos pronto tendrá repercusiones globales en el aumento del nivel del mar o la meteorología extrema

Deshielo, derretimiento del permafrost, incendios: según un nuevo estudio, los problemas que sufren el Ártico y la Antártida podrían tener repercusiones en el tiempo atmosférico y los niveles del mar antes de lo previsto.

Por Cheryl Katz
Publicado 5 dic 2019, 13:30 CET
Península de Yamal
Los lagos de la tundra ártica salpican la húmeda península de Yamal, en el noroeste de Siberia, Rusia.
Fotografía de Jeffrey Kerby

Eric Post ha observado las estaciones desde el mismo lugar de la tundra de Groenlandia Occidental durante 26 años. En ese tiempo, ha presenciado grandes cambios. Cuando empezó a trabajar allí, había cientos de caribúes por las laderas. Ahora, según dice, la manada ha quedado reducida a 90 ejemplares.

«Acabas pensando que volverán la próxima primavera, que volverán a crecer, pero pasan los años y los grupos grandes ya no son lo que eran», afirma Post.

Mientras la Tierra avanza sin cesar hacia un futuro peligrosamente cálido, un nuevo informe sobre la perspectiva de las regiones polares sostiene que el Ártico ya ha llegado a dicho futuro y que habrá consecuencias para todos.

«Existe la posibilidad real de que entremos en una fase de calentamiento ártico acelerado en las próximas dos a cuatro décadas si no se toman medidas para mitigarlo», afirma Post, ecólogo del cambio climático en la Universidad de California, Davis.

Post es el autor principal del informe publicado en Science Advances, en el que un grupo internacional de científicos analiza las repercusiones actuales y futuras del calentamiento polar en una serie de disciplinas.

El Ártico se calienta mucho más deprisa que cualquier otra parte de planeta. Solo en la última década, las temperaturas han aumentado casi 1 grado Celsius. Según el informe, con la tasa actual de emisiones de gases de efecto invernadero, el Norte se habrá calentado 4 grados Celsius durante todo el año —y alcanzará 7 grados Celsius en otoño— para mediados de siglo. Ese es el momento en el que se prevé que el planeta entero alcanzará los 2 grados Celsius de calentamiento citados como umbral con repercusiones desastrosas.

El Ártico ya sufre cambios sin precedentes, como pérdidas drásticas del hielo en la tierra y en el mar, un derretimiento galopante del permafrost, incendios forestales atroces, tormentas fuera de temporada y primaveras más tempranas, entre otros. Este año, la banquisa menguó hasta su segunda extensión estival más baja desde el comienzo de las mediciones por satélite en 1979 y en julio el calor de récord derritió miles de millones de toneladas del manto de hielo de Groenlandia. Los incendios forestales arrasaron miles de hectáreas de Alaska a Siberia.

«Las consecuencias del calentamiento ártico reciente podrían ser generalizadas y pronunciadas, pero aún no hemos presenciado la que será la fase más rápida de calentamiento, según se prevé», afirma Post.

Los incendios forestales arden cerca de la transición tundra-taiga de Siberia. Se prevé que dichos incendios sean más habituales con el derretimiento y posterior resecado del permafrost.
Fotografía de Jeffrey Kerby

Tanto en el Ártico como en la Antártida, las temperaturas aumentan, los glaciares merman, los ecosistemas sufren perturbaciones y ocurren otros cambios alarmantes mientras se acumulan las emisiones de combustibles fósiles que atrapan calor, repercusiones que afectan mucho más rápido a la región septentrional. El informe advierte que las consecuencias del calentamiento del Ártico se sentirán más allá de las latitudes altas en el futuro próximo.

Pérdida de la banquisa

Una de las principales preocupaciones de los científicos conforme el planeta se calienta es la pérdida de la banquisa ártica. Se prevé que la banquisa estival, que ha mermado más de un 10 por ciento cada década en los últimos 40 años, desaparecerá en 20 o 25 años con la tasa actual de emisiones. Hay quien dice que será antes.

Julienne Stroeve, coautora del informe y especialista en teledetección en las regiones polares de la Universidad de Manitoba, Canadá, y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Boulder, Colorado, cree que el calentamiento del Ártico podría haber hecho que la banquisa estival haya traspasado el umbral.

«Sé que es una afirmación peligrosa, pero llegados a este punto, independientemente de los compromisos de reducciones de CO2 y de las limitaciones del calentamiento, es probable que empecemos a ver veranos sin hielo».

Su último trabajo sugiere que la banquisa ártica mengua más rápido de lo que proyecta la mayoría de los modelos climáticos actuales. La pérdida de hielo impulsa la amplificación ártica, la fuerza que acelera el calentamiento septentrional. Con el derretimiento de la capa protectora del océano entra más luz solar en el agua, provoca más calentamiento y causa más pérdida de hielo en una espiral de retroalimentación.

La pérdida de esa cubierta de hielo también podría desencadenar fenómenos meteorológicos más extremos en latitudes medias del hemisferio norte, como sequías, inundaciones y olas de calor. Aunque es un tema que los científicos aún debaten, algunos estudios sugieren que el calentamiento del Ártico debilita y altera la ondulación de la corriente en chorro, permitiendo que el aire polar frío llegue más al sur y que el aire caliente se extienda más al norte.

«El calentamiento acelerado del Ártico afecta al tiempo atmosférico en los Estados Unidos continentales y a todo el hemisferio norte cambiando el contraste térmico entre latitudes altas y medias», explica el coautor Michael Mann, científico atmosférico de la Universidad del Estado de Pensilvania.

«Ese contraste térmico es el responsable de la existencia de la corriente en chorro y, cuando disminuye, la corriente en chorro tiende a ralentizarse y los sistemas meteorológicos permanecen más tiempo en un mismo lugar», afirma.

Mann sostiene que el fenómeno se ha vinculado a olas de calor persistentes como las que cocieron Europa este verano y a olas de frío brutales como la reciente «ráfaga ártica» que congeló el este y el medio oeste de Estados Unidos.

Aumenta el temor

El aumento del nivel del mar es otra preocupación acechante. El hielo ártico adherido a tierra —sobre todo el vasto manto de hielo de Groenlandia— se derrite más rápido de lo que sugieren los modelos climáticos actuales y podría incrementar los niveles del mar mucho más que los 90 centímetros proyectados para finales de siglo en el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático publicado en septiembre.

También aumenta el derretimiento del permafrost ártico, lo que libera metano, un potente gas de efecto invernadero, y eleva los niveles atmosféricos, con efectos considerables en el calentamiento global.

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    Otro estudio reciente prevé que la intensidad de los incendios forestales árticos se duplicará cada año conforme se seque el suelo derretido.

    Por otra parte, el calentamiento ya ha descolocado el reloj estacional del Ártico. El crecimiento vegetal vernal ocurre cada vez más temprano, lo que significa que los animales de la tundra —como los caribúes del lugar que investiga Post en Groenlandia— llegan a sus terrenos de alumbramiento después de que las plantas que consumen hayan alcanzado su pico nutricional. Las flores se abren antes de que los insectos que las polinizan lleguen hasta ellas y las aves migratorias se pierden los brotes primaverales. El informe advierte de la aceleración de estos cambios y de que, en el futuro, podrían sobrepasar la capacidad de adaptación de los ecosistemas.

    El calentamiento ártico también alterará la cadena trófica marina, aumentará la mortalidad de focas y osos polares y pondrá en peligro el sustento de los pueblos indígenas de la región. Una buena noticia es que, hasta la fecha, las ballenas parecen haberse beneficiado de la expansión de su área de distribución ante el retroceso de la banquisa.

    La Antártida no es el Ártico

    Aunque las temperaturas aumentan en el Ártico—para finales de siglo podrían elevarse a 13 grados Celsius en algunas épocas del año, según el informe—, el calentamiento antártico ha sido similar a la media global, aunque algunas partes se calientan mucho más deprisa.

    Según el coautor Richard Alley, glaciólogo y especialista en la Antártida de la Universidad del Estado de Pensilvania, ambas regiones polares están cambiando. «Pero no es tan sencillo, no harán lo mismo. El Ártico no es la Antártida y la Antártida no es el Ártico».

    La Antártida está rodeada por el vasto océano Antártico, que absorbe gran parte del exceso de calor de la atmósfera. «Y si se introduce en el océano, entonces no permanece en el aire», afirma Alley.

    Como ocurre en el Ártico, el calentamiento también está devorando el hielo del continente más meridional. Los glaciares importantes —sobre todo el glaciar Thwaites— están retirándose deprisa, mientras que las plataformas de hielo flotantes que los sostienen menguan por arriba y por abajo. Estas tendencias preocupan a los científicos.

    «El calentamiento del aire o del océano puede debilitar las plataformas de hielo y cuando traspasan un umbral tienden a descomponerse», afirma Alley.

    Si las plataformas de hielo de la Antártida Occidental se desploman y el Thwaites y otros glaciares colapsan, el nivel del mar podría aumentar otros 30 centímetros o más para 2100 y hasta tres metros o más en el próximo siglo si se alcanzan el punto crítico de una pérdida de glaciares irreversible.

    «Es lo que nos preocupa más en la Antártida Occidental», explica Alley. «Una diferencia razonablemente pequeña en la evolución de la situación podría acabar suponiendo una diferencia enorme en lo que ocurra en los niveles del mar».

    La banquisa antártica ha variado. Sin embargo, en los dos últimos años se han documentado mínimos de récord en otoño. Asimismo, el calentamiento del océano Antártico podría proporcionar una ruta para que las especies invasoras y las enfermedades alcancen el continente aislado. Y los pingüinos de la Antártida, algunos de los cuales ya se han visto obligados a cambiar sus áreas de distribución ante el cambio de las condiciones en las costas, podrían sufrir un desplazamiento generalizado en el futuro. Otro informe prevé que los emblemáticos pingüinos emperador podrían desaparecer para finales de siglo.

    El panorama polar «es una evaluación generalmente sólida de los cambios y de cómo dependen de estas situaciones de emisiones», afirma John Walsh, científico atmosférico de la Universidad de Alaska-Fairbanks que no participó en el estudio. «El artículo recalca que, incluso en una situación con bajas emisiones —y un mundo 2 grados más cálido se encuentra en el extremo inferior del espectro de emisiones hipotéticas—, el Ártico es un lugar cambiado».

    Los autores afirman que reducir las emisiones de los combustibles fósiles podría ralentizar o retrasar varias décadas el calentamiento del Ártico.

    «En cierto modo, el Ártico nos está hablando», afirma Post. «La cuestión es si lo estamos escuchando».

    Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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