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Toma aérea del fitoplancton que tiñó las aguas del océano de color verde en las costas de Dinamarca durante 2004.

Toma aérea del fitoplancton que tiñó las aguas del océano de color verde en las costas de Dinamarca durante 2004.

NASA

Mason Inman para National Geographic News Publicado el 13 de agosto de 2010

Durante siglos, artistas de la talla de Hokusai y Hopper han utilizado los colores del océano para mover la imaginación de las personas. Un estudio reciente indica que también pueden tener la capacidad de mover los huracanes.

Es más, el calentamiento global  puede haber cambiado ya el color de los océanos, determinando así los lugares que atacará o perdonará la fuerza destructiva de los huracanes.

En el estudio llevado a cabo por el oceanógrafo Anand Gnanadesikan, se utilizaron simulaciones informáticas para buscar los vínculos entre el color de los océanos y los ciclones tropicales destructivos (llamados huracanes en el Atlántico Norte y en el Pacífico Nororiental y conocidos como tifones en el Pacífico Noroccidental.

«Nuestro grupo desarrolla modelos climáticos» comenta Gnanadesikan, del Laboratorio geofísico de fluidos dinámicosen Princeton, Nueva Jersey. Una de mis responsabilidades es asegurar que dichos modelos se hagan de la forma más realista posible.

Una forma de incrementar el realismo de los modelos es observar las variables poco estudiadas, como el color y la tonalidad del océano.

En el Pacífico Norte el color predominante es el verde, debido a la abundancia de plantas microscópicas llenas de clorofila que reciben el nombre de fitoplancton.

Al absorber la luz solar, las algas flotantes mantienen la superficie del océano relativamente caliente. Cuando hay menos fitoplancton, el calor solar se concentra a mayor profundidad.

Las aguas cristalinas hacen que los huracanes se desplacen por el Ecuador

En su modelo climático, los investigadores redujeron la cantidad de plancton en los Remolinos del Pacífico Norte (amplias corrientes en espiral que pueden abarcar un océano completo).

«Los remolinos ya están bastante claros y los hemos puesto completamente transparentes» añade Gnanadesikan, cuyo estudio se publicará en una edición futura de la revista Geophysical Research Letters.

Al aclarar los remolinos, el equipo redujo sustancialmente la temperatura de las aguas poco profundas de los vórtices (un cambio crucial, ya que el agua cálida superficial alimenta la potencia de los ciclones tropicales de gran magnitud).

Los ciclones tropicales tienden a formarse a lo largo del Ecuador, sobre las cálidas aguas de los trópicos para después desplazarse hacia el norte o al sur en dirección a las zonas subtropicales. En el Pacífico Noroccidental, por ejemplo, los ciclones habitualmente avanzan en dirección norte y golpean a Japón y China.

Pero en el modelo computerizado, con los remolinos del Pacífico Norte exentos de color y temperatura, el número de huracanes con dirección norte desde el trópico se redujo dos tercios respecto al número habitual. Las tormentas sencillamente no pudieron continuar su trayectoria sin una superficie cálida que las mantuviera.

Con mares más claros, los ciclones tendieron a abarcar el Ecuador y golpear las islas Filipinas, Vietnam y Tailandia.

«De ocurrir este fenómeno sería de un impacto inmenso y producto de la eliminación del color en los remolinos» añade Gnandesikan. «Quedé profundamente sorprendido».

La brocha gorda del calentamiento global.

Los remolinos se consideran «desiertos oceánicos» debido a su bajo nivel de productividad, es decir, su exigua capacidad para acoger seres vivos como el fitoplancton, según el bioquímico Manfredi Manizza.

Los remolinos, probablemente se volverán «incluso menos productivos que antes debido al calentamiento global», comenta Manizza, del Instituto Oceanográfico Scripps en California, que no participó en el nuevo estudio.

La aclaración de los océanos puede estar ocurriendo ya, según un estudio reciente publicado en la revista Nature.

A medida que la superficie oceánica se calienta, se mezclará menos con las aguas más frías y profundas, que son las que contienen la mayor parte de los nutrientes oceánicos, indica el estudio de Nature. Al ser algas de aguas poco profundas, el fitoplancton se morirá de inanición por esta causa, a tenor de los hallazgos del estudio.

Pero Gnanadesikan, responsable de los modelos informáticos, añade que otros estudios han desvelado un aumento del plancton en las últimas décadas.

El gran problema de la estimación de los cambios de clorofila [en el océano], «es que sólo existe un buen registro, que procede de un satélite puesto en órbita desde hace sólo 12 años».

No obstante, en el futuro, Gnanadesikan y su equipo tienen previsto utilizar datos satelitales para llevar el seguimiento de los cambios cromáticos del océano y comprobar si existe una correlación real con las trayectorias de los ciclones tropicales.

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