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Amebas

Amebas

Fotografía cortesía de Owen Gilbert

Generalmente hablando, cuando las amebas Dictyosteliumdiscoideum se quedan sin bacterias para comer en un pequeño trozo de suelo, presumiblemente porque las mismas bacterias están muriendo de hambre, estas formas de vida unicelulares “comienzan a 'hablar' entre ellas y se reúnen”, afirmó la jefa del estudio Debra Brock.

Cuando hay aproximadamente unas cien mil amebas, forman un cuerpo fructífero”.

El tallo resultante se levanta hacia el viento y libera las esporas que llevan las amebas y resulta que también liberan algunas “semillas” de bacterias.

Brock y sus colegas averiguaron que, en lugar de comerse toda la comida antes de abandonar la ubicación previa, las amebas recubren los últimos bocados en cáscaras para poder viajar.

Cuando aterrizan las esporas, las amebas emergen y liberan las semillas de las bacterias y las plantan en prados, con suerte, más verdes tal y como hacen muchos agricultores humanos cuando se trasladan de campos exhaustos a otros más fértiles.

“Traen sus bacterias preferidas y esto les permite prosperar y florecer en la nueva área”, afirmó Brock, bióloga de la Universidad Rice en Houston, Texas.

Agricultura pasiva

Las amebas no parecen cuidar de las bacterias mientras están creciendo por lo que se trata de un tipo de agricultura pasiva, indicó Brock. Por el contrario, se conoce que algunas termitas, hormigas y otros insectos sociales cultivan hongos u “ordeñan” a otros insectos para conseguir comidas azucaradas.

Sin embargo, no se había visto nunca nada como el cultivo de las amebas en organismos unicelulares.

Brock firmó que su equipo había hallado este tipo de agricultura itinerante primitiva en algunas otras especies de ameba y todas comparten un rasgo con otras especies agricultoras como nosotros.

“Creemos que pueden hacer esto porque son sociales”, afirmó. Las especies de amebas solitarias, explicó, no se unen para formar los cuerpos fructíferos que hacen posible el viaje que realiza la D.discoideum.

El nuevo estudio aparece hoy en la edición en línea de la revista Nature.

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