El Aventurero del Año 2016 es una mujer nepalí

En una ocasión, Mira Rai transportó sacos de arroz por el Himalaya. Ahora se dedica a ganar carreras de trail a nivel internacional y a inspirar a las jóvenes nepalís. Conoce a la Aventurera del Año 2017.

Por Mary Anne Potts

26 de enero de 2017

Cada año, National Geographic condecora a 10 personas extraordinarias como parte de nuestros premios “Aventureros del Año”. Buscamos a personas de todo el mundo que hayan hecho realidad sueños ambiciosos en los campos de exploración, conservación, restauración cultural, deportes de aventura y labor humanitaria. Y cada año le pedimos a nuestra audiencia que vote a quien más le inspire.

Aunque todos los galardonados de este año resultan inspiradores (desde el renacimiento cultural estimulado por los circunnavegantes celestiales del Hōkūle‘a, hasta la inquebrantable dedicación de los montañistas del Gran Cañón, pasando por el audaz descubrimiento de la cueva submarina más profunda del mundo), una en particular ha alcanzado el primer puesto tras la votación: la corredora de trail nepalí Mira Rai. 

Rai, de 29 años, creció en una aldea rural del este de Nepal, en las montañas de Bhojpur, y sus sueños iban mucho más allá de aquello que convencionalmente se espera de las mujeres nepalís.

“Cuando era niña me decían constantemente que aprendiera cuál era mi lugar, que suprimiese mi voz y que actuase de una cierta forma”, explica. “Para mí, liberarme de estas tradiciones era un gran sueño en sí mismo”.

Siendo la mayor de cinco hijos, se esperaba que fuera a buscar agua, cuidase de cultivos y ganado y ayudase en casa. Con 12 años había dejado de ir regularmente al colegio para transportar pesados sacos de arroz a lo largo de abruptos caminos (normalmente descalza) y venderlos en el mercado. Era un trabajo duro, pero también un entrenamiento perfecto para una futura corredora de trail.

Los rebeldes maoístas llegaron a su pueblo cuando tenía 14 años, y Rai decidió unirse a ellos para ganar dinero y buscar un tipo de vida diferente. Tras dos años, volvió a casa sin haber luchado una batalla, pero mientras entrenaba con los rebeldes destacó como karateka y corredora. Sin embargo, se preguntaba qué podría hacer con estas habilidades, ya que Nepal no posee una tradición de competición en deportes a nivel profesional, y mucho menos las mujeres nepalís.

Dos años atrás, finalmente, le llegó su momento gracias al azar. Rai estaba corriendo en Katmandú cuando dos corredores de trail que se la cruzaron la invitaron a inscribirse en su primera carrera, la Katmandú West Valley Rim 50K. No tenía equipamiento especial ni entrenamiento para tal distancia. Además, era la única mujer de la competición. Contra todo pronóstico, fue la vencedora, superando a todos los hombres. Era la distancia más larga que había corrido nunca. Desde entonces, se formó una comunidad de seguidores que dieron a Rai la oportunidad de participar en competiciones de trail a nivel internacional.

Actualmente la comunidad de corredores la reconoce como un fenómeno de las carreras de trail en altura. Y ahora ha emprendido una misión para ayudar tanto a mujeres como a hombres nepalís a través del deporte. Como parte de la misma, mientras se recupera de una cirugía de rodilla a la que se sometió el pasado octubre, ha organizado una carrera en su aldea natal.

Rai afirma que su trabajo para empoderar a los demás no ha hecho más que comenzar. “Nos hemos dado cuenta de que Nepal tiene un enorme potencial para entrenar a atletas competitivos, para quienes estamos organizando una serie de carreras de trail en Katmandú”, explica Rai. “Se trata de carreras cortas dirigidas tanto a principiantes como a corredores con experiencia”.

Wasfia Nazreen, la primera bangladesí en escalar las siete cumbres y una Aventurera del Año en el pasado, conoce de primera mano el impacto que Rai ha tenido entre las jóvenes de Nepal. “Siendo alguien que dejó el colegio tan pronto y se perdió un aprendizaje que damos por sentado, Mira ha sido capaz de retroceder en el tiempo y servir como ejemplo único, personificado ella misma ese cambio”, explica. “Es difícil encontrar buenos modelos de conducta para mujeres jóvenes en nuestra región, especialmente una que proceda del mismo contexto rural que la mayor parte de nuestra generación. Mira está allanando el camino no solo en el sentido de poder hablar a nivel nacional sobre igualdad de género como mujer que ha encontrado el éxito internacionalmente, sino también haciendo que los jóvenes se apasionen por el trail running a través de las nuevas series de carreras de trail de Katmandú. La determinación y la alegría que personifica a través de todas sus dificultades y victorias constituyen una inspiración para todos nosotros.

Ben Ayers, director de la sede de Katmandú de la dZi Foundation, afirma que los logros de Rai dan esperanza en Nepal, que sigue inmerso en la pobreza y la corrupción a pesar del fin de su guerra civil y de la adopción de una nueva constitución. “Mira representa las aspiraciones de una generación entera de jóvenes nepalís”, explica Ayer. “Se pueden establecer paralelismos entre su transición de niña soldado a atleta de categoría mundial y la actual mayoría de edad que ha alcanzado Nepal tras la guerra civil”.

Rai, sin embargo, sigue manteniendo su actitud humilde. “He podido hacer las cosas que he hecho porque muchas personas creyeron en mí y corrieron riesgos por mí, y quiero devolver el favor para que otros puedan tener esas oportunidades”, dice Rai. “Tenemos un dicho en Nepal, ‘Khana pugyos, dina pugos’, que significa ‘Que haya suficiente para comer, que haya suficiente para dar’”.

No te pierdas la historia de Rai, explora las fotos y sigue leyendo la entrevista a continuación. 


¿Qué es más difícil: correr una dura y abrupta carrera de trail o romper con los estereotipos de género?

Rai: Correr no es un problema, pero romper con los estereotipos de género sí lo es. En la sociedad en la que vivimos es difícil de forma similar para hombres y mujeres, porque hacer cualquier cosa que se salga de la convención social implica mucho esfuerzo. Especialmente en el caso de las mujeres, de quienes se espera que ayuden con las tareas de casa desde que son niñas y que después se casen y formen una familia, esto se vuelve una lucha, no un mero desafío. Te llaman rebelde y en un deporte de aventura que conlleva riesgos nadie te da ánimos. “¡Vas a terminar rompiéndote todos los huesos!”, me dicen. Parece que la mentalidad está cambiando, pero a ritmo de tortuga, y todavía queda mucho camino por recorrer hasta que las mujeres sean vistas en la sociedad de Nepal como equivalentes a los hombres. Esta es la triste realidad.

¿Cómo era tu día a día en el ejército maoísta?

Cuando me alisté al ejército maoísta me alegraba ganar 250 rupias (poco más de 3,5€), que utilizaba para comprar lo básico, como un cepillo de dientes o jabón. Después empecé a entrenar, lo que incluía correr, ejercicios físicos, combate cuerpo a cuerpo y manejo de armamento con cadetes de mi edad. Aunque entrenábamos para una misión de forma colectiva, también me ayudó a crecer a nivel personal, ya que me hizo confiar más en mí misma y ser más autosuficiente. Teníamos que marchar en la oscuridad durante horas cada noche para llegar a otros campamentos, cuidando los unos de los otros. Ni siquiera recuerdo los nombres de los lugares que tuvimos que atravesar, porque eran junglas remotas y aldeas lejanas. Nos enseñaron habilidades de supervivencia y adquirí muchas destrezas que jamás podría haber aprendido en casa. Durante dos años fui parte del ejército rebelde, algo a partes iguales desafiante en términos de entrenamiento y gratificante en términos de crecimiento personal. La verdad es que impulsó mi espíritu aventurero.

¿Qué consejo le darías a alguien que quisiera ser una corredora fuerte como tú?

Llegar a ser corredora fue cuestión de suerte y azar. En la aldea teníamos que caminar durante horas arriba y abajo sobre un terreno extenuante, normalmente descalzos, con un gran peso a la espalda. Esto ayudó, definitivamente. Comencé a correr, conseguí entrenamiento profesional en el que me enseñaron técnicas y poco a poco me volví más decidida, motivada y persistente para perseguir mis sueños. Una dieta apropiada y el entrenamiento regular son factores cruciales; sin embargo, he aprendido que el descanso, la confianza, el yoga y el bienestar mental (además del apoyo de mi mentor Richard Bull y de mi entrenador Dhruba Bikram Malla) son tan importantes como una buena forma física.

Dejaste de ir regularmente a clase cuando tenías 12 años. ¿Te gustaría haber ido más a la escuela?

Siento que, si hubiera acabado mi educación, habría sido capaz de comunicar con más confianza y de tener una mejor comprensión de los asuntos internacionales. En muchas ocasiones, cuando empecé a participar en carreras en el extranjero, ni siquiera podía formar parte de las conversaciones debido a que no hablaba bien inglés. Simplemente solía sentarme allí y escuchar, pero no me sentía cómoda estando allí callada mientras todo el mundo me mostraba su apoyo. Sin embargo, con medios de comunicación y patrocinadores, habría sido de gran ayuda haber tenido más años de educación en casa. Incluso hoy, cuando intento leer los periódicos, soy incapaz de entender algunas palabras. Estoy yendo a clases de inglés y la verdad es que me está ayudando a mejorar.

Correr te ha ayudado a ver el mundo. ¿Qué se siente al volver a tu aldea ahora que has estado en Hong Kong, Italia y muchos otros lugares?

Vuelvo una vez al año durante el Dashain, el mayor festival del año. Las personas siguen teniendo el mismo tipo de vida que presencié siendo niña. Solíamos tener farolas de queroseno, pero ahora hay bombillas que funcionan con energía solar. La aldea no tenía acceso por carretera en aquellos días, pero ahora hay caminos de tierra que la conectan con las grandes ciudades. Las casas de barro son las mismas. Hay conexión telefónica, pero no funciona bien. Cuando vuelvo, me reúno con muchos jóvenes que me preguntan cómo pueden vivir de forma diferente. Parecen motivados, pero tristemente sus padres no están de acuerdo con esa ambición. La infraestructura de la aldea ha mejorado, pero no la mentalidad. Sigo teniendo esperanzas de que una generación futura rompa los moldes.

¿Cuáles son las carreras de trail que sueñas con correr?

Siempre he soñado con participar en el Ultra-Trail du Mont Blanc en Francia. Es una carrera difícil de 160 kilómetros para corredores de élite de todo el mundo. Me encantaría ver en qué posición quedaría.  

¿Qué estás haciendo actualmente para devolver el favor a la sociedad?

Al estar recuperándome de una cirugía en el ligamento anterior cruzado, tengo un poco de tiempo libre. He estado proporcionando orientación a hombres y mujeres sobre correr y animándoles a emprender una carrera como atletas profesionales. Cada cierto tiempo visito las escuelas y orfanatos para compartir mi conocimiento sobre este deporte, en especial sobre el entrenamiento, la dieta, y lo que es más importante, un estilo de vida activo. 
 
Nos hemos dado cuenta de que Nepal tiene un enorme potencial para entrenar atletas competitivos, para quienes estamos organizando una serie de carreras de trail en Katmandú. Se trata de carreras cortas dirigidas tanto a principiantes como a corredores con experiencia. También organicé una carrera corta en mi aldea de Sano Dumma el pasado octubre, para introducir al público joven a este deporte y darles una plataforma para que se interesen y destaquen en el trail running. En los días venideros estoy planeando organizar carreras con el objetivo de identificar y patrocinar a los corredores más prometedores.

También estoy ejerciendo presión sobre el gobierno nepalí para que proporcione un entorno propicio para desarrollar el trail running como deporte generalizado y para preparar a los que ya son corredores a alcanzar un mejor rendimiento en competiciones nacionales e internacionales.
 

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